Home México Te voy a cambiar el nombre…pero no cambia la historia

FUNCIONES DE LA TRANSPARENCIAEn la historia reciente, los gobiernos, tanto priístas como panistas, han intentado “transformar” el funcionamiento de diversas instituciones para hacerlas más eficientes, pero simplemente no lo han conseguido. Ha faltado convicción, decisión, estrategia, rumbo y, así, todo ha quedado en mero cambio de nombres, lo cual sería ya lamentable, pero hay más daños: el desperdicio de millones de pesos en nuevos edificios, papelería, capacitación y todo lo que implica un viraje hacia, supuestamente, un mejor desempeño en beneficio de la sociedad.

El ejemplo más reciente lo constituye la aprobación de la Ley General de Transparencia y Acceso a la Información Pública, con la cual este organismo cambia de IFAI (Instituto Federal de Acceso a la Información Pública y Protección de Datos) a INAI (Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos), aunque, si de datos se trata, no tenemos los suficientes acerca de la conveniencia o no de este cambio de etiqueta.

En estos años hemos testificado también el giro de SIEDO a SEIDO; es decir, solamente un orden diferente de siglas -no se ha notado de qué otra cosa- en esta dependencia de la Procuraduría General de la República, responsable de toda investigación acerca de la delincuencia organizada. La operatividad de esta Subprocuraduría no ha tenido mejoras sustanciales con el nuevo nombre, pero se dispuso de buenos millones para la transición tan sólo en la papelería oficial; ni se diga en lo demás.

En los años de Vicente Fox se constituyó la AFI (Agencia Federal de Investigación), que luego sería la PFP (Policía Federal Preventiva), la cual terminó siendo la PF de hoy, o sea, la Policía Federal, y ninguno de estos cambios le ha podido añadir eficacia o limpieza de prácticas.

Si hay programas que no tienen seguimiento transexenal, este hábito de cambiar nombres sí lo tiene; en el actual régimen se creó la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, actual Sedatu, que integró áreas de la Secretarías de Desarrollo Social y de la Reforma Agraria. Transcurrió más de un año para poder arrancar, porque no había claridad del acomodo o funciones de las distintas tareas que ahí quedaron integradas, como tampoco presupuesto disponible y, en la mayoría de los estados, ni siquiera tenían locales arreglados para las sedes delegacionales, aunque ahora ostentaba un flamante nuevo nombre. Una vez iniciadas operaciones, su titular, Jorge Carlos Ramírez Marín, dejó el cargo para Jesús Murillo Karam, quien apenas debe estar conociendo los detalles de esta encomienda. Es evidente, entonces, que no estaba definido el proyecto para un desempeño óptimo de esta secretaría recién creada, ni se tenía un perfil idóneo para encabezarla.

Lo que era Oportunidades, un programa asistencial creado y puesto en marcha en el sexenio de Vicente Fox, hoy es Prospera. Nada ha cambiado, excepto el nombre, pues sigue teniendo la misma visión electoral antes y ahora, que no es precisamente la de apoyar a los pobres para dejar esa triste condición. Tal vez sólo para desligar al Partido Acción Nacional del programa, se decidió rebautizarlo, pero no hay ningún otro motivo.

Y no puede dejarse de lado el caso inexplicable de las procuradurías de justicia, que de repente se volvieron fiscalías, aún en tiempos de Felipe Calderón. Se aseguró que iba a mejorar la investigación y persecución del delito, pero los resultados no se notan, porque, claro está, un nombre diferente no es mágico como para que se le atribuyan poderes de eficiencia. Hay que acompañar el cambio con el combate a la corrupción interna, el nombramiento de los perfiles adecuados, el manejo eficiente de los recursos, la planificación cuidadosa, el interés por servir a la sociedad por encima de todo.

El Instituto Federal Electoral, otro cambio fallido de raíz, desapareció para dejar espacio al Instituto Nacional Electoral. O sea, de IFE a INE es sólo una letra, pero muy costosa, porque ese reemplazo ocurrió mediante una enorme inversión, necesaria para dejar listas las nuevas oficinas y bien estructurada la jugosa nómina.

Además, si se trataba de contar con un árbitro electoral capaz de desaparecer cualquier sombra de fraude, preparado para organizar comicios transparentes y en equilibrio, eso falló, pues lo que hoy estamos viendo es una copia fiel de sus acciones pasadas, sin dar mayores elementos de credibilidad…o que alguien explique cuál es el fundamento para confiar más en el INE que en el IFE. Sea uno la nueva cara del otro o no, el caso es que los partidos políticos siguen violentando la ley, las sanciones no inhiben las sistemáticas faltas de los candidatos y partidos, pese a una nueva legislación vigente y estamos lejos de que alguien nos garantice el respeto irrestricto de cada voto que será depositado en las urnas el próximo siete de junio.

No es el cambio de nombre lo que va a impresionar a la sociedad mexicana; necesitamos que cambie la historia al parejo y se responda a las expectativas. Entonces sí, que le llamen a cada institución u organismo como mejor les plazca.

COLMILLOS Y GARRAS

DEJÓ AYER LA Secretaría de Desarrollo Social Arturo Yáñez Cuéllar, y ahora se encargará de tareas electorales en el Partido Revolucionario Institucional, las cuales no desconoce en lo mínimo… QUEDÓ AYER AL frente de la SEDESOE, por lo pronto, Alejandro Márquez, quien se viera envuelto el año anterior en el escándalo de clonación de tarjetas de los adultos mayores asistidos por la delegación federal de la Secretaría de Desarrollo Social. O sea, aquí no pasa nada… Y AYER, EN conferencia de prensa a la que sólo invitan a periodistas y medios de comunicación en forma selectiva, miembros del Partido Acción Nacional denunciaron “dados cargados” en la elección, lo cual deben documentar y proceder legalmente ante las instancias correspondientes.

Twitter @rubencardenas10

google-site-verification: google280ca0eeb565a7e1.html
A %d blogueros les gusta esto: