Home México Dos veces me fugué, dos veces me fugué, dos veces…

Por Rúben Cárdenas

Más que una afrenta al Estado mexicano, como lo definió el presidente Enrique Peña Nieto, la fuga de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, exhibe ante los mexicanos y el mundo la corrupción y debilidad del régimen, así como el poderío de un Estado paralelo cuya existencia tanto han negado el gobierno mexicano y el de Estados Unidos.

Esta segunda escapatoria -casi ridícula, de no ser por la gravedad del caso- demostró la incapacidad del gobierno mexicano para mantener el orden aun en espacios de absoluto control, como son las prisiones de máxima seguridad, a prueba de toda triquiñuela o plan de escape, de donde es prácticamente imposible fugarse si no se cuenta con complicidad a todos los niveles. Además, la falta de reacción a un hecho que trasciende el interés nacional ubica al gobierno en una posición endeble, avasallado por el narcotráfico. Todos, empezando por el presidente, despertaron tarde a la realidad de un hecho inverosímil: resulta que “El Chapo” se metió a bañar y de allí ya no se le volvió a ver; esto sucedió antes de las nueve de la noche, cuando Peña Nieto estaba por volar a Francia. Dieciocho horas después emitió un pronunciamiento y dijo confiar en que Guzmán Loera pronto sea recapturado.

Razones sobran para sospechar que el capo enlistado en Forbes tuvo cómplices, al igual que la vez anterior. En el año 2000, a los cuatro días de la asunción de Vicente Fox, “El Chapo” se evadió de otra prisión de alta seguridad, la de Puente Grande, en Jalisco, dentro de un carrito de lavandería. Desde entonces, no se le había vuelto a ver hasta febrero del 2014, cuando fue capturado, en un operativo “sin un solo tiro”, en un condominio relativamente modesto en Mazatlán, Sinaloa.

Se especuló por meses si era o no “El Chapo” Guzmán o se trataba de un actor; el caso es que ya estaba a buen resguardo, al menos hasta el pasado sábado. Con esto, es muy posible que sea el único reo en la historia en fugarse dos veces de este tipo de cárceles inexpugnables, sin oposición alguna. Así, el gobierno federal enfrenta una crisis más, y muy grave, de complicidades perversas y acusaciones de corrupción, que pueden derrumbar las de por sí enclenques estructuras que utiliza para sostenerse al frente del país.

El gastado recurso de que hayan sido detenidos 30 funcionarios del penal del Altiplano y que algunos o todos resulten coludidos en la fuga no sería trascendente, ni daría satisfacción a una sociedad cada vez más agraviada. Lo increíble es que, al menos las primeras reacciones, el agravio no sea contra el narcotraficante, quien incluso ya comenzó su camino a la glamorización de imagen, sino contra un gobierno que ya acumula demasiados puntos en contra como para permanecer incólume o presumir de grandes logros a sus homólogos europeos. Llama la atención que pocos lamenten la fuga por el peligro que el capo supone para la sociedad, pero sí lamenten y deploren la incapacidad institucional para servir de garante de paz a los mexicanos.

La nueva evasión de Guzmán Loera está como para que renuncien todos los funcionarios que conforman el gabinete de seguridad mexicano, porque todos ellos fallaron, desde los responsables de la seguridad del penal del Altiplano hasta las altas esferas de la Secretaría de Gobernación. Son demasiadas las dudas, e incluso las burlas, acerca de este hecho como para salir con la simplona conclusión de que la responsabilidad únicamente recae en custodios y el resto del personal del Altiplano, antes Almoloya, cuya construcción inició en el último año del sexenio de Carlos Salinas de Gortari y recibió a sus primeros huéspedes al inicio de la administración de Ernesto Zedillo.

No es fácil digerir la idea de que nadie, ninguna autoridad y menos sistema de seguridad alguna, haya detectado la construcción de un túnel de más de un kilómetro y medio; tampoco que le hayan dado varias horas al narcotraficante para empezar a buscarlo en el interior de su celda, cuando desde unos minutos antes de las nueve de la noche dejó de aparecer en las videograbaciones. Por otra parte, es curioso que los hijos de Guzmán Loera comenzaran a emitir tuits muy reveladores desde hace semanas, uno de ellos en el sentido de que su “apá” pronto estaría de regreso, y no hubo quien se ocupara del caso.

La realidad es que hoy Joaquín Guzmán Loera está de nueva cuenta libre y el gobierno de Peña Nieto en el descrédito, para no variar. Sólo falta por ver cuántos hechos más deben ocurrir para que haya un cambio en la conducción del país, porque, como en anteriores ocasiones, desde el poder no se vislumbra que pueda ocurrir ese cambio. Es la sociedad la que debe dar pasos determinantes, pues el gobierno ni siquiera lo intentará.

DESDE AYER DEBIERON tomarse previsiones en Durango, como en todos los estados del país, ante la posibilidad de movimientos relacionados con la fuga de Joaquín Guzmán Loera, pero no se informó oficialmente de medidas cautelares. Es probable que hasta hoy “les caiga el veinte” a las autoridades correspondientes… EN CAMBIO, DESDE ayer en Sinaloa celebró reunión el gabinete estatal de seguridad ante una posible incursión de ese narcotraficante en esa entidad… NO ES DE dudarse que aumenten en la sierra duranguense operaciones tras la evasión del líder del Cártel de Sinaloa, por lo que deberían estarse tomarse en cuenta riesgos de nuevos brotes de violencia.

Twitter @rubencardemas10

google-site-verification: google280ca0eeb565a7e1.html
A %d blogueros les gusta esto: