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Olvídese de dejar algo, ¡simplemente dé!

Para muchos católicos, la Cuaresma significa sacrificio y sacrificio significa dejar de hacer algo; ¡pero, olvídese de dejar de hacer algo!

En el Año de la Misericordia, la Iglesia nos invita a pensar sobre el sacrificio no como sufrimiento o una forma de castigar el cuerpo o la mente dejando de hacer algo, sino como una oportunidad para dar. Después de todo, San Francisco de Asís dijo que cuando damos es que recibimos.

Escucha la entrevista en el siguiente podcast:

Hay algo hermoso en el dar. Pensemos nada más en toda la gente que nos ha dado algo importante, detallista y bello. La vida cambia cuando esto nos pasa y los que nos dan se convierten en gente memorable; ellos se quedan en nuestras mentes y corazones para siempre. Más aun, su generosidad nos inspira a ser generosos; sus sacrificios nos hacen sacrificarnos. La alegría que nos dan nos anima a dar alegría a otros.

El problema es que a veces tomamos todo esto por merecido y esto hace nuestra cruz más pesada. Aquí hay unos ejemplos de los más grandes sacrificios que a veces damos por sentado: los sacrificios que nuestros padres hacen para que tengamos todo lo que necesitamos; la comida calientita que nos espera cuando regresamos del trabajo (que no cae del cielo, alguien la prepara con amor); el oído atento que nuestro mejor amigo nos da cuando queremos desahogarnos; la persona que decide poner sus necesidades a un lado para enfocarse en las nuestras y se muerde la lengua para no decir palabras que nos puedan lastimar. Como podemos ver, hay mucho sacrificio a nuestro alrededor.

Se nos ha dado mucho. Es nuestro turno de dar. Sería mejor (y más significativo), por ejemplo, hacer el gran sacrificio de prestar atención a toda la gente y las cosas buenas que nos rodean. Tal vez, en vez de dejar de comer dulces, podemos prestar atención a los gestos amorosos y sacrificios desapercibidos que nuestros padres, esposos, parientes y amigos hacen por nosotros. Tal vez, en vez de causar dolor al cuerpo, podemos sacar energía para agradecer a quienes nos han dado su amor y cuidado. Tal vez, en vez de fijarnos en nuestras limitaciones, fallas y pecados, nos podemos convertir en alguien memorable para otros e inspirarlos a ser generosos y mejores. Al hacer esto, redefiniremos de qué el sacrificio realmente se trata: amor; y Dios sonreirá ya, que verá que su reino está llegando: ¡el reino en donde, más que dejar de hacer, simplemente damos!

Artículo extraido de Nuestra Parroquia por Byron Macías, C.M.F.

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