Home Cultura y Derechos Humanos Cuando Irlanda Peleo por México


John O’Riley nació en una población pesquera de Irlanda e imigró al territorio de Texas cuando este todavía pertenecía a México. Fue uno de los muchos anglosajones que llegaron a ese territorio en los años 20 de la décimo novena centuria y se enlistó en las tropas de milicianos que ahí se estaban formando para buscar su independencia del país del sur.

En el ejército norteamericano existía un clima de discriminación hacia los soldados católicos y la mayoría de los irlandeses lo eran. Esa discriminación se traducía en maltratos como encarcelamiento, azotes, privación de alimentos y guardias exageradas; pero uno de los hechos más degradantes es que en cualquier batalla, a los católicos se les utilizaba como “carne de cañón”, es decir eran enviados a los sitios más peligrosos y en donde las bajas serían muchas con el único objeto de distraer al fuego enemigo.

En 1845 los soldados irlandeses que pertenecían a la milicia texana debieron haber visto con temor la anexión de Texas a la Unión Americana, pues esto les hacía pertenecer ahora al ejército de ese país, y si como milicianos de Texas eran minoría y discriminados, como parte del ejército estadounidense esta situación se agravaba.

Al siguiente año ocurrieron dos sucesos de importancia: En abril un grupo de soldados católicos, en su mayoría irlandeses aunque no faltaban otros de origen alemán, polaco e inglés, escaparon del acuartelamiento en Texas y se pasaron a territorio mexicano donde se enlistaron en el ejército de este país.

El otro suceso de importancia se presentó el 13 de mayo de 1845, pues a instancia del presidente James K. Polk, el Congreso estadounidense, en una decisión dividida apoyada en su mayor parte por los representantes de los partidos sureños, decidió declarar la guerra a México, lo que dio inicio al conflicto bélico más injusto y desigual en que haya intervenido dicho país.

El ejército estadounidense inició la invasión de México y en la batalla de Monterrey fue grande la sorpresa de sus generales al encontrarse con un regimiento de anglos que luchaban fieramente al lado de los mexicanos, con gran acierto en las baterías de cañones. La batalla no duró mucho y el ejército mexicano tuvo que retirarse de sus posiciones, trasladándose hacia el sur.

Ese regimiento de anglos se conformaba por los hombres que habían abandonado Texas un mes antes y tuvo un efecto especial. Muchos soldados católicos que militaban con el ejército estadounidense, y que igualmente eran discriminados por motivo de su religión, empezaron a desertar y pasarse a las filas mexicanas con lo que se conformó el que se conoce como Batallón de San Patricio, en honor al santo patrono de los católicos irlandeses; su comandante fue John O’Riley, quien fue enlistado como Juan Reley.

Estados Unidos invadió a México por tierra y mar, en este último caso llegó un contingente muy fuerte al puerto de Veracruz, desde donde avanzó a la capital mexicana, en cuyas entradas se liberaron duras batallas, destacando la del convento de Churubusco, un fuerte edificio de piedra que tenía como defensa un río cuyo puente fue defendido por el Batallón de San patricio. Los soldados irlandeses pelearon hasta el final sin rendirse y muchos de ellos murieron, pero otros fueron hechos presos.

Cuando el general David Twiggs, comandante de las tropas americanas que conquistaron Churubusco, le preguntó al general defensor Pedro María de Anaya, dónde estaba el parque, pólvora y municiones, este le contestó: “Si hubiera parque no estarían ustedes aquí”.

El 13 de septiembre de 1847, los detenidos fueron llevados hacia Chapultepec en donde se encontraba el último reducto de resistencia del ejército de México. En un acto de crueldad del general Winfield Scott, a aquellos prisioneros del Batallón de San Patricio que habían desertado durante la guerra,les colocó en el patíbulo viendo hacia el Castillo de Chapultepec y en cuanto se izó la bandera de las barras y estrellas, les ahorcó.

De aquellos irlandeses que lucharon por México una buena parte murieron valientemente, otros pudieron huir y otros fueron hechos prisioneros. A estos, México les protegió en las negociaciones de paz. El bienestar y la libertad de los prisioneros siempre fueron temas en la mesa de negociaciones, motivo por el cual cuando las tropas estadounidenses se retiraron del país invadido, los soldados irlandeses se reincorporaron al Batallón de San Patricio, que fue disuelto hasta en 1850.

Del destino de estos valientes poco se sabe, pero se especula que muchos de ellos se quedaron en territorio mexicano y formaron familias. Por lo que se refiere a John O’Riley, en 1999 el historiador John Ryal Miller descubrió un acta de defunción a nombre de Juan Reley quien murió en el puerto de Veracruz y fue sepultado en el cementerio anexo a la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, de dicha población.

En la plaza de San Jacinto en la Ciudad de México se celebra una ceremonia para honrar al batallón de San Patricio los días 12 de septiembre y lo mismo se hace en Clifden, Irlanda, en donde se ondea la bandera mexicana en recuerdo de sus valientes hijos.

La historia del Batallón de San Patricio es de tristeza, pues la discriminación llevó a muchos hombres que habían emigrado al país que proclamaba la igualdad y la libertad, a deshacer sus lealtades por el odio que hacia ellos se tenía.

La misma discriminación y odio que 20 años después llevó a ese país a una guerra interna que terminó con la muerte de millones de sus hermanos y que cien años después permitió que cobardes asesinos mataran a mansalva a los defensores de los Derechos Civiles.

La misma discriminación y odio que ahora es la base del discurso de quien, escudándose en el Partido Republicano, pretende dirigir el destino de Estados Unidos.

—Oscar Müller Creel es doctor en Derecho, catedrático y conferencista. Puede leer sus columnas en www.oscarmullercreel.com

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