Home Programación Lo que hay que oír Llevar la fe a la política

Usted trabaja. Paga impuestos. Sufre a veces injusticias en los trabajos. Se preocupa por que sus hijos tengan una buena educación. Ve con angustia el aumento de los precios de la vivienda a su alrededor.

Sufre cuando ve cómo tantos inmigrantes de su propio país o de otros arriesgan incluso su vida para llegar aquí y luego se ven amenazados por su status como indocumentados.

O, como residente legal, está preocupado por la inseguridad de los seguros sociales de la jubilación. Quizá rece todos los días para que nadie de la familia se enferme, porque no tienen seguros y no podrían pagar los costos médicos o las hospitalizaciones. Le preocupan los asuntos que se refieren a la vida, o que la atacan: el aborto, la tendencia a legalizar la eutanasia, la pena de muerte. O quizá usted tenga familiares estacionados en Irak y se preocupe por su seguridad y las decisiones sobre la guerra y la paz.

Quizá piense que no hay nada que hacer, que los gobiernos y los políticos son corruptos por su propia naturaleza. O quizá piense que, como cristiano, la participación política no tiene nada que ver con la fe. Pero, ¿acaso no le interesa su propia vida? ¿No tiene interés en conocer sus propios derechos? El abandonar la responsabilidad de los asuntos en manos de unas cuantas personas, incluso si son buenísimas, significa renunciar a la propia voluntad y libertad.

¿Qué quiere decir hacer justicia?

La mayoría de los profetas hablaron contra las injusticias cometidas contra los más pobres, las viudas, los huérfanos. Y recuerdan al pueblo que ellos mismos fueron inmigrantes y exiliados y que por lo tanto, su obligación es dar hospitalidad a los forasteros.

Es verdad que es mucho más cómodo, una vez que se tiene un nivel de vida más o menos cómodo, vivir tranquilamente, sin meterse en problemas. Es la gran tentación de complicidad con el mundo del pecado que es despreciar la vida y la dignidad de los demás.

Pero hacer justicia quiere decir no quedarse sentado ante las injusticias. Hacer justicia es utilizar los derechos políticos que tenemos; es hacerse contar en el censo, votar si es posible, usar la libertad de expresión para dar nuestra opinión sobre los asuntos que tienen impacto en la vida y la dignidad no sólo propias, sino también de las comunidades en que vivimos; nuestras ciudades, países y el mundo. Practicar el derecho y la justicia obliga a participar en la vida política.

¿Qué es lo que dice la iglesia?

Uno de los documentos más importantes del Concilio Vaticano II, la gran reunión de los obispos del mundo, comienza con las palabras: “Los gozos y las esperanzas de las personas de hoy, son los gozos y esperanzas de la iglesia”. (Gaudium et spes)

Es decir, la iglesia, el Pueblo de Dios que somos todos nosotros, no puede ser indiferente a lo que le pase a los seres humanos. Y no ser indiferente es entrar en acción. La iglesia no es solamente una gran institución, sino que somos todos y cada uno de nosotros; por lo tanto, la responsabilidad está con todos nosotros, los cristianos.

Por su parte, los obispos de los Estados Unidos en diferentes ocasiones han hablado sobre la responsabilidad de los cristianos de participar en la vida pública y política. El mundo tiene muchos problemas y frecuentemente quienes más sufren son los más pobres e indefensos. Los cristianos, movidos por la misma compasión de Cristo, deben movilizarse y hacer todo lo que esté en su mano para cambiar las situaciones que no favorecen la dignidad humana de muchos.

A veces nos quejamos. Pero no es justo quejarse y quedarse de brazos cruzados. ¿Quién puede solucionar estos problemas? Ciertamente, una persona por sí misma no puede hacer nada. Pero si une su voz a la de otros muchos y si utiliza los medios a su alcance, puede marcar una diferencia.

Hay un comercial en televisión en que un mesero decide lo que va a comer la gente y el tipo de dieta que les conviene. Eso mismo puede pasar en política si no se participa y se habla. Alguien toma las decisiones—normalmente las más convenientes para ellos mismos o para quienes tienen más poder económico—y no se tiene en cuenta la voluntad de las personas que no se expresan.

¿Es obligación votar?

Votar es muy aconsejable, pero es sólo una parte de la política. Hay otras acciones que se pueden emprender.

  • Responder al censo. Si los gobernantes conocen el número y las características de la población, los presupuestos de los estados reflejarán esos datos y se podrán prestar las atenciones sociales necesarias: escuelas, hospitales, servicios sociales, viviendas.
  • Participar en manifestaciones y marchas que expresan nuestra posición sobre los temas que afectan no sólo a nuestro pueblo y nuestra familia, sino a los más pobres del mundo, que son los preferidos de Dios.
  • Acudir a juntas de vecinos o de la escuela para dar nuestra opinión sobre proyectos de urbanización o escolares que nos afecten. Por ejemplo, si en un barrio se decide alterar el sistema de transporte, cerrar una escuela o instalar medidas de estacionamiento que afectarían a nuestros amigos y vecinos, deberíamos acudir a la junta para expresar lo que pensamos.
  • Enviar cartas al periódico o nuestros representantes en el Ayuntamiento o en el Congreso.
  • Participar en boicots de ciertos productos que se sostienen a base de injusticias, como salarios injustos o pesticidas.

¿Me va a decir la iglesia cómo votar?

La iglesia no va a dictar lo que debemos hacer. Lo que hace la iglesia es recordar que todos los cristianos están llamados a vivir de acuerdo con lo que nos pidió Jesús: Construir un mundo de justicia y verdad; estar al lado de los más pobres y desamparados; proteger la vida. Por lo tanto, la iglesia no va a decidir por los cristianos sobre qué candidato es mejor en unas elecciones. Lo que sí va a hacer es invitar a todos a reflexionar:

¿Qué valoro más? ¿Qué cosas defiendo por encima de todo? Como cristiano, ¿qué me dice la fe sobre la dignidad y el respeto a la vida, creada por Dios?

La iglesia, siguiendo el mandato de Jesús a buscar la justicia, apoya los derechos de los trabajadores. ¿Cuáles son mis opiniones sobre estos derechos? ¿Qué está diciendo cada uno de los candidatos sobre estos temas? ¿Están de acuerdo con el respeto a la dignidad de la persona y a la vida que defendemos los cristianos?

¿Por dónde empezar?

Preguntar e informarse. Conseguir respuestas de los candidatos políticos y los representantes de la ciudad o el barrio. Compartir la información con otras personas y averiguar distintos puntos de vista para formarse una opinión.

Extraído de El Momento Católico, CP -521

“El trabajo a favor de la justicia requiere que la mente y el corazón de los católicos estén educados y formados para así conocer y practicar la totalidad de la fe”. (Formando la conciencia para ser ciudadanos fieles: Llamado de los obispos católicos de Estados Unidos a la responsabilidad política.)

http://www.catholicsandimmigrants.org/resources/action-resources/voter-registration/

 

 

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