Home Durango Tocó fondo la atención en las clínicas del IMSS

Por Rubén Cárdenas.

Falta de gasas, de cubrebocas, medicamentos, material de limpieza, es tan sólo parte menor de las múltiples carencias en las clínicas 1 y 44 del Instituto Mexicano del Seguro Social, como probablemente sucede en las demás. Las acciones diarias hacia el derechohabiente rebasan, dentro de esas paredes, cualquier nivel en la mala atención a la salud: Hoy en día se está llegando al extremo de usar la misma jeringa para distintos pacientes; sólo la “medio limpian” con alcohol y va para el siguiente enfermo, según confían médicos y enfermeras que, obviamente, demandan el anonimato.

Estas quejas sobre la deplorable calidad del servicio médico, así como el despotismo y burocracia con que se trata a los derechohabientes no son de ahora, sino desde siempre, pero lo que hoy viven pacientes -los más afectados- y el personal médico, está llegando a límites de intolerancia. Esa escasez hasta de algodón y jeringas revela el peor rostro de la salud pública.

No se trata de generalizar ni señalar solamente lo negativo, claro está, pues dentro de toda institución existen profesionales dedicados a su labor, devotos en el servicio y con sentido humanitario, pero debía ser la regla y no la excepción. Y en el IMSS el maltrato del personal hacia el paciente parece ser crónico, aunque también médicos y enfermeras resienten los horarios prolongados, la presión de trabajar “casi con las uñas”, la sobrecarga de responsabilidades, la falta de insumos, entre otros factores, que finalmente rompen el hilo por lo más delgado; es decir, la atención al enfermo, quien debe esperar horas por una cama, Rayos X o medicinas.

La violencia obstétrica es, por otro lado, una práctica diaria dentro del llamado Seguro, que en realidad es un territorio muy inseguro para quienes llegan a dar a luz en sus quirófanos; prueba de ello son los casos de negligencia médica hacia varias mujeres en el último año; algunas de ellas han perdido a sus bebés, sin que se les expliquen las causas.

Escuchar que “no hay ni gasas” se volvió tan común dentro de las clínicas del IMSS, que ha llegado a ser una frase casi del dominio público. La falta de toda clase de medicamentos también es un tema recurrente al interior y exterior de la institución encargada de brindar salud a los trabajadores burócratas y de empresas privadas, y eso no es de hoy; delegados van y vienen, pero las cosas siguen igual, o peor. Por lo menos, antes cada quien tenía derecho a una jeringa nueva.

A los médicos programados para atender alguna cirugía se les está exigiendo que lleven sus propios guantes quirúrgicos y demás implementos para atender la emergencia. Y si falta este material, indispensable en la labor diaria, no ocurre menos con el material del limpieza, por lo que el riesgo de una infección es latente en quirófanos, porque no está garantizada la esterilización del área.

Los relatos de médicos y enfermeras en las clínicas 1 y 44, ambas en esta ciudad, describen un entorno que pocos ciudadanos pueden imaginar, si no han tenido la penosa necesidad de solicitar sus servicios o de visitar a un familiar internado. Parecen historias ocurridas en países africanos pobres o latinoamericanos en pobreza extrema, como Haití.

El solo hecho de utilizar la misma jeringa en varios pacientes rompe con cualquier norma sanitaria, tal vez sancionable por alguna autoridad, pues difícilmente un ciudadano consciente aceptaría ser atendido de esa manera. Por supuesto que entre médicos y enfermeras se ha quedado esta información y justamente por eso nadie ha puesto remedio.

Las quejas de pacientes hacia personal médico, de éste a sus superiores, y de todos hacia el sistema de salud en general, se volvieron cíclicas en el IMSS, pero la realidad es que todo empeora, mientras que el delegado Víctor Roberto Infante González simplemente se encoge de hombros y no resuelve la diversidad de carencias y la falta de atención a los usuarios.

Es por demás urgente que se atienda la situación del IMSS, que se haga lo necesario para que logre salir de la terrible crisis financiera en que se encuentra, aunque tal vez deberían comenzar por disminuir el salario de sus altos funcionarios y por exigirles mayor eficiencia. La delegación del IMSS ha sido, tradicionalmente, un cargo deseado por diversos políticos, justo por la generosidad de sus salarios.

No merecen los duranguenses afiliados al IMSS una atención médica tan paupérrima; ya es tiempo de que las autoridades actúen. Ahora sí que Dios guarde a quienes son atendidos ahí o requieran de sus servicios. Y suman miles por día.

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Twitter@rubencardenas10

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