Home Durango En el desempeño de Rio hay responsabilidad oficial, claro

Por Rubén Cárdenas.

Bueno ¿y también de eso tiene la culpa el presidente?”, circulaba hace días esta pregunta en redes sociales, en referencia a si los tristes resultados de la delegación mexicana en Rio de Janeiro eran o no responsabilidad gubernamental.

Este saldo negativo para México, que no registra una sola medalla ni para clavadistas, pesistas o boxeadores, menos los deportes en equipo, bien puede ser calificado como un desastre a la mitad de los Juegos Olímpicos. Ciertamente, en lo particular, hay deportistas cuyo máximo esfuerzo los llevó a mejorar marcas o dar una feroz pelea, con resultados encomiables que deben ser valorados.

¿A quién se puede señalar como responsable, pues, por este debut y despedida de cada uno de los atletas? En justicia, no es directamente a una sola persona; sin embargo, ante el nulo cumplimiento de la expectativa, así como de un retroceso general del deporte mexicano, por supuesto que hay una responsabilidad real en el gobierno de todos niveles, especialmente el federal, porque es el rector de esta actividad en el país, por encima de asociaciones, federaciones, patrocinadores, iniciativa privada y cualquier entidad involucrada en la preparación de los deportistas.

No olvidemos que, cuando el gobierno decide hacer recortes presupuestales, los primeros rubros a los que afecta es el deporte y la cultura; definitivamente, en muchos casos, si el deportista quiere sobresalir, tendrá que “rascarse con sus propias uñas”.

Saltan a la vista errores graves de autoridades del ramo, como desorganización, falta de conocimiento de las necesidades de cada disciplina, corruptelas y desinterés por cumplir con decoro en la justa deportiva más importante del mundo. Que un pesista y un boxeador hayan tenido la necesidad de participar con atuendo parchado porque no tuvieron en sus manos el uniforme, exhibe a quienes están al frente del deporte mexicano.

Tampoco fue grato enterarnos de que otro boxeador no subió al ring presuntamente por una fuerte infección estomacal, que luego se convirtió en una versión de problema de peso en su división, según la prensa. O sea, se trató de esconder el dato que ese pugilista no dio el peso correspondiente y por eso optó por no participar, aunque enfermarse del estómago tampoco es justificable en esas circunstancias.

Se agregan también otros casos en los que no hay claridad sobre los motivos del mal desempeño: una maratonista que ni siquiera inició la prueba, porque previamente estaba lesionada de un tendón; las clavadistas que no tuvieron a su masajista, porque no le dieron su acreditación de ingreso a la villa olímpica, una familiar de Alfredo Castillo, dirigente de la CONADE, que desfiló uniformada, sin ser integrante de la delegación, entre otras irregularidades no menores.

La realidad es que tienen demasiadas explicaciones qué dar a los mexicanos quienes manejan el deporte a esos niveles. Se sabía de errores como éstos en distintas Olimpiadas, pero ahora vuelven a aparecer, y multiplicados, en detrimento de los deportistas.

Está visto que, si el presupuesto es bajo -lo cual constituye el pretexto más frecuente de los dirigentes deportivos- además está mal repartido o está discrecionalmente aplicado, de lo cual mucho se han quejado los propios deportistas en su momento, aunque la mayoría prefiere no hacerlo muy evidente, por temor a represalias.

Si en los pasados Juegos Olímpicos de Londres, nuestro país obtuvo siete medallas, no se podía esperar ahora una cosecha menor, pero a estas alturas ya ni siquiera se puede hablar de cuando menos una.

Está claro, entonces, que hay un retroceso tangible en el desarrollo del deporte olímpico mexicano, cuyo momento cúspide fue en 1968, cuando se celebró el encuentro en México y se obtuvieron nueve medallas (tres de cada metal) y aun quienes no la consiguieron representaron dignamente al país. Ni antes ni después de ese año hemos tenido en México un proceso de preparación olímpica con similares resultados.

Por todo esto, el fracaso en Rio de Janeiro debe sentar un precedente para cambiar el orden establecido en el deporte mexicano. Lo peor sería que, al concluir la Olimpiada, todo siguiera igual. La mayoría de estos atletas deben ser parte del cambio, pero es desde el gobierno donde deben diseñarse los nuevos planes y estrategias para un verdadero y dramático ajuste en esa noble actividad. Es decir, sí es responsable el gobierno de lo que estamos presenciando en Rio.

Las pruebas son más que elocuentes.

ES TIEMPO OPORTUNO para que las autoridades educativas conminen a escuelas y colegios a ser tolerantes y flexibles con los alumnos respecto al uso uniformes y útiles escolares. En circunstancias económicas tan difíciles, como las que vivimos hoy, no se pueden exigir marcas en útiles, determinados modelos y tonos precisos en uniformes, color de zapatos y tenis, etcétera… EN ALGUNOS PLANTELES se está amenazando con regresar a los alumnos si no llevan al pie de la letra lo que se les exige. Alguien debe acabar con esta nociva práctica que representa un gran negocio para algunos y elevados gastos innecesarios para miles de padres de familia… FALTA UNA SEMANA para el regreso a clases y son demasiadas las demandas de las escuelas hacia los padres, desde cuotas altas, cooperaciones y más peticiones que implican gastos inesperados. La situación económica actual no es la mejor como para que se pongan en esa postura los planteles de los distintos niveles de educación.

Twitter @rubencardenas10

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