Home Durango La gente desea ver justicia, no sangre

Rubén Cárdenas.

Poco más de dos semanas del cambio de gobierno en Durango, no dejan de alzarse voces que pronostican retos imposibles de vencer y aún el riesgo de una decepción para quienes decidieron votar por un cambio. Tal vez cegados todavía para digerir el evidente rechazo social del pasado 5 de junio, esos que advierten un rápido desencanto ciudadano -producto de la posible falta de respuestas inmediatas e integrales a tanto problema en el estado- se olvidan que ellos son causa esencial de la mayoría de esos males que no tienen solución de la noche a la mañana, puesto que nunca se la dieron en su momento.

Ciertamente, la expectativa ciudadana es muy alta hacia las nuevas autoridades, tanto estatales como municipales, incluso en quienes integran el nuevo Congreso estatal. Hay demasiadas obras públicas pendientes, asuntos inconclusos y demandas sin atender que requieren de una emergente intervención de las nuevas autoridades.

Sin embargo, la sociedad duranguense no vive en el engaño; conoce el crítico momento que atraviesa el estado y el país, como para no esperar soluciones mágicas, menos para necesidades tan añejas como las que se padecen en Durango.

Los duranguenses saben que nunca es suficiente el presupuesto y que siempre habrá rezagos importantes; nadie ignora la incapacidad del gobierno federal para propiciar el crecimiento económico, con todas sus consecuencias en los estados, además del excesivo desaprovechamiento y derroche de los recursos en cada nivel de gobierno. Obviamente, todos esperan resultados en el corto y mediano plazo, pero sí existe una conciencia social de que algunos rubros se tendrán que retomar casi desde el principio.

En este sentido, lo que la sociedad de Durango sí demandará en forma inmediata, y con toda razón, es justicia, que no significa un afán vengativo, pero los ciudadanos necesitan constatar que la acción de la justicia se aplique contra aquellos que dilapidaron los recursos de todos. Son tan evidentes los casos de enriquecimiento ilícito, abusos y excesos en algunas áreas de la administración pública, que necesariamente deberá aplicarse con energía y contundencia la ley vigente para llamar a cuenta a los responsables, sean quienes sean.

Lo que menos desean volver a escuchar los duranguenses es que sus nuevas autoridades anden de un lado para otro en vehículos blindados, con actitud prepotente, flanqueados por decenas de “guaruras”, algo tan usual en muchos funcionarios que están a punto de dejar el actual gobierno, junto con sus familiares y cercanos colaboradores.

Nadie desea enterarse que su nuevo gobernador, alcalde y allegados, comprarán propiedades extravagantes, de lujo, o que harán negocios con el patrimonio de todos; tampoco habrá paciencia para lidiar con el descubrimiento de alguna bodega repleta de víveres para los necesitados, mucho menos para soportar resoluciones judiciales que resultan aberrantes, pues en Durango hay quienes han ido a prisión por robar ocho rebanadas de jamón o algunas piezas de pan, mientras gozan de libertad quienes acopian ilegalmente productos que valen millones de pesos, o los que han despojado de sus bienes a gente desamparada.

Entonces, mientras las nuevas autoridades se estrenen actuando con la ley en la mano y se muestren como lo que todos esperamos que sean, gobernantes emanados del pueblo, sin dobleces y con honestidad, la ciudadanía notará que, efectivamente, el cambio ha llegado. Quienes siguen pronosticando desencanto y con deseos de que todo fracase, simplemente no tienen autoridad moral para decir cómo deben hacerse las cosas ahora. No hay fecha que no se cumpla, ni plazo que no se llegue. A los que se van, luego de casi 90 años en el poder, les llegó el momento y es inaplazable. Difícilmente alguien los va extrañar; eso está muy claro.

JUAN GABRIEL ACTUÓ en Durango en varias ocasiones, la primera de ellas fue en el Bar Henry’s, en Santiago Papasquiaro, allá por la década de los setentas. En ese tiempo de gran auge para esa población actuaba allí casi cada año, aunque ya era famoso…”FUE UN VIAJE horrible, cada ratito quería vomitar”, confesó alguna vez el “divo de Juárez” a la televisión local, a propósito de su llegada a esta ciudad después de cruzar la antigua carretera de Mazatlán a Durango…EN UNA DE sus últimas actuaciones aquí, se presentó ante un reducido grupo de políticos y funcionarios en Casa de Gobierno, un día después de su show en la feria. Anécdotas así existen a lo largo y ancho del país. Descanse en paz uno de los más grandes artistas contemporáneos de habla hispana.

Twitter@rubencardenas10

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