Home Programación Lo que hay que oír Sanación después del divorcio

Uno de los más grandes misterios de la vida es que tanto el sufrimiento como la alegría llegan, con frecuencia, de improviso. Por ejemplo, toda persona que se casa, raramente lo hace esperando que un día su matrimonio termine. Por el contrario, se siente segura de que podrá superar todas las adversidades y conflictos que pudieren surgir en su matrimonio. Tristemente, muy a menudo, terminan desilusionadas. Recuerdo que en los primeros años de mi matrimonio pensaba: ” ¿Qué es lo que sucede con esas personas que se están divorciando? ¿Por qué mejor no resuelven sus problemas? Ellas se amaban lo suficiente puesto que se comprometieron mutuamente y aun así, ahora se están divorciando”. No obstante, después de dieciocho años de matrimonio y cuatro hijos, me di cuenta de que mi matrimonio se estaba acabando. Yo era una de “esas personas”.

El divorcio no ocurre en una corte civil. Comienza mucho antes que la pareja decida que no puede resolver sus problemas o uno de los dos decida irse. El proceso de desacoplamiento, usualmente continúa mucho tiempo después del decreto del juez. Es por eso que yo uso los términos “en proceso de divorcio” para enfatizar el proceso. Un decreto legal no produce automáticamente el divorcio emocional y psicológico. Estamos verdaderamente divorciados cuando, finalmente, renunciamos al matrimonio, guardamos luto por nuestra pérdida y nos adaptamos a nuestra nueva vida. Al final de este proceso, no es raro que las personas se sientan más fuertes y más felices que antes. Lo que comenzó siendo la peor experiencia del mundo se transforma en una bendición para nuestra vida. Sin embargo, esto sólo ocurre cuando hacemos el trabajo que se necesita hacer.

Quizás aquellas personas que han pasado o están pasando por el divorcio son las mejores maestras de lo que implica este trabajo. Las personas que participan en los programas de recuperación después del divorcio, como lo es El Divorcio y Mas Allá, experimentan, frecuentemente, esperanza y sanación, con el simple hecho de escuchar y compartir sus experiencias y percepciones, con otras personas que no tienen intenci6n alguna de aconsejar o juzgar.

Aun cuando tu estés yendo a consulta individual con un terapeuta, la dinámica de grupo te puede ayudar a reconocer que otras personas están experimentando sentimientos similares a los tuyos. No estás solo o sola en esta experiencia. Este programa es una oportunidad para que te relaciones con personas que te aceptan con las experiencias que estás viviendo en este momento de tu vida.

Muchas de las personas divorciadas, incluyéndome a mí misma, a menudo sienten culpa y vergüenza por no haber sido capaces de conservar intacto su matrimonio. Puede que sientan una especie de fracaso porque no pudieron ser fieles a sus votos matrimoniales. Para muchas personas divorciadas es doloroso ver a otras familias juntas en los servicios religiosos, a tal punto que evitan ir a Ia Iglesia. Sin embargo, el divorcio no significa que tu no seas una persona buena o digna del amor de Dios. Eres todavía parte de tu propia familia. Eres todavía parte de una familia más grande, la Iglesia, sin importar si vives solo o sola o con tus hijos o hijas menores. Mientras continúas participando de este programa, acércate con frecuencia a los sacramentos y dedica tiempo a la oración. Medita en la vida de Cristo. El sabe lo que significa “ser humano”. Tu fortaleza vendrá de Él.

Irene Varley

Directora Ejecutiva

Conferencia Norteamericana de Separados y Divorciados Católicos

Texto tomado del Programa El Divorcio y Más Allá

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