Home Programación Lo que hay que oír ¿Crees que solo la muerte de alguien causa duelo? Los duelos del...

Sandra NavarroEn la vida sufrimos muchas muertes sin reconocerlas como tal, como por ejemplo, la pérdida de un empleo, el final de una relación amorosa o de una amistad, la pérdida de una mascota, la mudanza de una casa, la pérdida de cabello o la migración a otro país. Todas estas pérdidas traen consigo sus procesos de duelo, aunque ni siquiera sepamos que los estamos viviendo. Las diferentes pérdidas y procesos de duelo que trae consigo la migración a otro país es algo de lo que poco se habla o a lo que se le da poca importancia. Los migrantes perdemos nuestro país, nuestras familias, nuestros amigos, nuestro hogar, toda una vida llena de memorias y vivencias que, si bien se quedarán en nuestra mente y corazón, las sufriremos durante un largo periodo mientras nos adaptamos a una nueva cultura; y, en esa nueva cultura, el proceso de adaptación nos absorbe sin tener tiempo de procesar estas pérdidas.

Rosa roja tristeQuien emigra a otro país y carece de un estatus legal que le impide viajar libremente entre dos fronteras sabe del dolor, la frustración e impotencia que se sienten cuando un acontecimiento tan seguro como lo es la muerte sucede.
Le toca sufrir, a miles de kilómetros de distancia, la enfermedad de sus seres queridos y sus decesos, sin poder hacer nada más que llorar y lamentar el no poder estar ahí para acompañarles en sus últimos días de vida; sin poder decirles cara a cara cuanto les aman; sin poder acariciarles y darles un último abrazo y la bendición. Sufren el no poder estar presentes en su funeral y expresar unas palabras de aliento o un fuerte abrazo de consuelo a la familia. Este duelo creo yo, es el más fuerte de todos; y sin un sistema de soporte familiar y social es muy difícil de llevar. Aunque duela el no poder estar cerca de nuestros seres amados nunca más, estos duelos son una invitación a confiar en la promesa de vida eterna que Dios nuestro Señor nos regala. También son una invitación a vivir en todo el sentido y la extensión de la palabra; a valorar cada instante con nuestros seres queridos aun a distancia, a reflexionar sobre la fragilidad de la vida y dar amor a nuestros seres queridos en vida, como lo dice el poema En vida, hermano, en vida de Ana María Rabatte y Cervi: “Si quieres hacer feliz / a alguien que quieres mucho, / díselo hoy, sé muy bueno… / en vida, hermano, en vida. / Si deseas dar una flor, / no esperes a que se muera; / mándala hoy con amor… / en vida, hermano, en vida. / Si deseas decir “te quiero” / a la gente de tu casa, / al amigo cerca o lejos… / en vida, hermano, en vida. / No esperes a que se muera / la gente para quererla / y hacerle sentir tu afecto. / En vida, hermano, en vida… / Tú serás muy venturoso, / si aprendes a hacer felices / a todos los que conozcas, / en vida, hermano, en vida. / Nunca visites panteones, / ni llenes de tumbas flores; / llena de amor corazones / en vida, hermano, en vida”.

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