La Reflexión del Día – Martes 3 de marzo

MATEO 6, 7-15

Amigos, el Evangelio de hoy es la versión de Mateo de la oración Padre Nuestro. Quiero aquí reflexionar sobre los primeros versos. Qué maravilloso que esta oración viene directamente del mismo Jesús. Es como si la oración que les enseña resumiera el contenido de Su propia oración.

Llamamos a Dios “Padre” cuando oramos. Lo llamamos Abba, Papi. Jesús nos invita a compartir la misma intimidad que tiene con Su Abba. No solo imitamos la oración, como imitaríamos la de cualquier maestro espiritual; más bien, cuando oramos entramos en la dinámica de Su propio Ser.

“Santificado sea tu nombre”. Que tu nombre sea sagrado. Lo primero que pedimos es honrarlo, que lo tengamos primero en nuestras vidas, que lo separemos de todo lo demás. Trabajo, familia, dinero, éxito, de la estima de los demás, de nuestros amigos, todo es bueno, pero nada de eso debe considerarse santo en este mismo sentido.

Si nos equivocamos en esto, nos equivocaremos en todo lo demás. Si no consideramos Su nombre sagrado sobre todo lo demás, todo se volverá profano.

Reflexionemos: ¿Qué significa “mantener santo el nombre de Dios por encima de todo” en tu propia vida? ¿Hay algo que compita con este alto lugar de honor?

@BishopBarron

 

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 6, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros orad así:
“Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu reino,
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo,
danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden,
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal”.
Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».

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