Reflexiones de Cuaresma 6 de Marzo

MATEO 5, 20-26

Amigos, en el Evangelio de hoy Jesús nos manda reconciliarnos unos con otros. Quisiera decir algo sobre el papel que tiene el perdón en la reparación de nuestras relaciones rotas.

Cuando estés en oración y te des cuenta que necesitas perdonar a alguien (o ser perdonado por alguien), ve y hazlo. Ve a reconciliarte, luego regresa. Es como una regla de la física. Hay algo oculto en el profundo misterio de Dios, y no puedo explicarlo completamente. De alguna manera, si falta en tí el perdón se bloquea el movimiento de Dios en tu persona. Tal vez sea simplemente porque Dios es amor, y aquello que se opone al amor bloquea el flujo del poder de Dios, y la vida de Dios en tí.

Una razón por la que no perdonamos es porque sentimos que se ha cometido una injusticia y nos molesta. Una buena cura para este sentimiento es arrodillarse frente a la cruz de Jesús. ¿Que ves allí? Al inocente Hijo de Dios clavado en la cruz —una injusticia suprema—. ¿Qué hace Jesús? Perdona a sus perseguidores. Medita sobre esto, y tu sensación de ser tratado injustamente se desvanecerá.

Reflexionemos: ¿En alguna parte de tu vida hay una ausencia de perdón? Arrodíllate ante la cruz de Jesús a menudo durante la Cuaresma y espera a ver qué pasa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,20-26):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil” tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehena” del fuego.
Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo».

Palabra del Señor

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