La Reflexión del día – 10 de marzo 2020

Amigos, el Evangelio de hoy expone el orgullo de los fariseos y concluye con una prescripción de la humildad. Quisiera reflexionar sobre esta virtud.

San Agustín dijo que todos nosotros, hechos de la nada, tendemos hacia la nada. Podemos ver esto en nuestra fragilidad, pecado y mortalidad. San Pablo dijo: “¿Qué posees que no hayas recibido? Pero si lo has recibido, ¿por qué te jactas como si no lo hubieras recibido?”.

Creer en Dios es conocer estas verdades. Vivirlas es vivir en la actitud de humildad. Tomás de Aquino dijo humilitas veritas, lo que significa que la humildad es la verdad. Es vivir la verdad más profunda de las cosas: Dios es Dios y nosotros no.

Ahora, todo esto suena muy claro cuando se dice de esta manera abstracta, ¡pero hombre, es difícil vivirlo! En nuestro mundo caído, olvidamos tan fácilmente que somos criaturas. Comenzamos a suponer que somos dioses, el centro del universo.

El ego se convierte en un enorme mono sobre nuestras espaldas, y tiene que ser alimentado y mimado constantemente. ¡Qué liberación es soltar el ego! ¿Ves por qué la humildad no es una degradación, sino una elevación?

Reflexionemos: ¿Qué es lo que posees que no lo hayas recibido? 

@bishopRobertBarron

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (23,1-12):

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a los discípulos, diciendo:
«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen.
Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.
Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbí”.
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “rabbí”, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.
Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.
No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.
El primero entre vosotros será vuestro servidor.
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

Palabra del Señor

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