La Reflexión del Día – Reflexiones de Cuaresma

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Amigos, en el Evangelio de hoy la madre de Santiago y Juan le pide a Jesús, en nombre de ellos, que sean honrados en su reino.

Jesús atiende pacientemente el pedido y trata de aclarar y redirigir el mismo. Llega entonces la respuesta final: “En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre”.

El Padre ha preparado este lugar para alguien que reinará con Jesús cuando venga en su gloria. El Viernes Santo por la tarde el buen ladrón se dirigió al Jesús crucificado e hizo un pedido similar al de Santiago y Juan: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino”. Y Jesús le respondió: “En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

Este criminal crucificado estaba en la misma situación que Santiago y Juan, en su ingenua ambición, deseaban. El que bebió de la misma copa del sufrimiento de Jesús tuvo el privilegio de reinar con Él. Que no haya límite para tu ambición, siempre y cuando te lleve a este lugar junto al Cristo crucificado.

Reflexionemos: ¿Estás bebiendo de tu copa de sufrimiento junto a Jesús? Si es así, ¿qué piensas y sientes acerca del sufrimiento?

@bishoprobertbarron

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Evangelio según San Mateo 20,17-28.

Cuando Jesús se dispuso a subir a Jerusalén, llevó consigo sólo a los Doce, y en el camino les dijo:
“Ahora subimos a Jerusalén, donde el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas. Ellos lo condenarán a muerte
y lo entregarán a los paganos para que sea maltratado, azotado y crucificado, pero al tercer día resucitará”.
Entonces la madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante él para pedirle algo.
“¿Qué quieres?”, le preguntó Jesús. Ella le dijo: “Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda”.
“No saben lo que piden”, respondió Jesús. “¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?”. “Podemos”, le respondieron.
“Está bien, les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre”.
Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos.
Pero Jesús los llamó y les dijo: “Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad.
Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes;
y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo:
como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud”.

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