La Reflexión del Día – 20 de marzo del 2020

Amigos, en el Evangelio de hoy Jesús nos resume las leyes del amor.

Era una práctica común en el tiempo de Jesús pedirle a un rabino que identificara preceptos centrales de la Ley. Entonces le preguntan a Jesús: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?”.

Y da su ya famosa respuesta: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Finalmente, toda religión trata de despertar el deseo más profundo del corazón y dirigirlo hacia Dios; se trata de ordenar nuestro amor hacia lo que es más digno de amar. Pero este amor a Dios lleva consigo, dice Jesús, como una consecuencia necesaria, la compasión por los demás.
¿Por qué estos dos mandamientos están tan estrechamente ligados? Precisamente por quién es Jesús. Cristo no es simplemente un ser humano, y no es simplemente Dios; más bien, Él es el Dios-hombre, aquel en cuya persona se encuentran la divinidad y la humanidad. Por lo tanto, es imposible amarlo como Dios sin amar a la humanidad que Él ha abrazado. El mandamiento más grande es, por lo tanto, una Cristología indirecta.

Reflexionemos: ¿De qué modo el encuentro de la divinidad y la humanidad en Jesús afecta tu comprensión de las mismas?

@BishopRobertBarron

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lectura del santo evangelio según san Marcos (12,28b-34):

EN aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
«¿Qué mandamiento es el primero de todos?».
Respondió Jesús:
«El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».
El escriba replicó:
«Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
«No estás lejos del reino de Dios».
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor

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