La reflexión del día – 24 de marzo del 2020

CUARTA SEMANA DE CUARESMA

JUAN 5, 1-16

Amigos, en el Evangelio de hoy Jesús sana a un hombre que estuvo físicamente enfermo durante treinta y ocho años. Quisiera hacer aquí una observación sobre otra manifestación del poder de Cristo: la curación espiritual.

Los Evangelios están llenos de relatos de encuentros donde Jesús sana personas cuyas energías espirituales estaban imposibilitadas de fluir. Gran parte del ministerio de Jesús consistió en enseñar cómo ver (el reino de Dios), cómo escuchar (la voz del Espíritu), cómo caminar (superando la parálisis del corazón), cómo liberarse de sí mismos como para así descubrir a Dios. Es interesante que la Iglesia primitiva se refería a Jesús como Salvador (soter en griego y salvator en latín). Ambos términos se refieren a aquél que brinda curación.

El “alma” es ese lugar inmóvil del corazón de cada persona, ese centro más profundo, ese punto de encuentro con el misterio trascendente pero encarnado de Dios. Cuando el alma está sana, está en relación viva con Dios; está firmemente arraigada en el suelo de la relevancia, y es el centro más profundo de la persona.

Reflexionemos: ¿De qué manera tu alma necesita una curación espiritual?

@bishopRobertBarron

Comparte esto:

%d bloggers like this: