4to Domingo de Cuaresma / 4th Sunday of Lent

Jesus comenzaba su ministerio y pronto adquirió popularidad. Hablaba muy bien y con autoridad; sanaba a los enfermos y expulsaba demonios. Aun los líderes religiosos ponían atención y se preguntaban quién era el hombre llamado “Jesús el nazareno”. Pero los líderes religiosos estaban escandalizados por la gente que lo seguía: se rodeaba de gente de mala reputación. “Se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para escucharlo. Por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: ‘Este recibe a los pecadores y come con ellos’”. Jesús no solamente recibía a pecadores, también comía con ellos. Compartir la mesa no solamente era compartir alimentos; sino entrar en amistad, sentido de familia y hermandad. Sin embargo las críticas de los fariseos no son tan diferentes que las nuestras. Aún hoy, la marca de una persona “buena” la conectamos con las amistades que tiene (Dime con quién andas y te diré quién eres). Creo que la mayoría de nosotros juzgaríamos igual que los fariseos y escribas si vemos a una persona rodeada de mala compañía. Esto nos tendría que enseñar algo muy importante: no vemos y juzgamos como Dios ve y juzga. El comprender esto debería ser un llamado a poner atención.

Si pensáramos, “Yo no actuaría como los fariseos y escribas,” so seríamos honestos. El Evangelio no solamente nos revela a Dios, sino también quienes somos nosotros. Si no nos escandalizamos, si no somos cuestionados y retados por el Evangelio, entonces quizás no lo estamos entendiendo. Nosotros somos los fariseos y los escribas, el hijo pródigo al igual que el amargado, resentido y auto-justificado hijo mayor. Los necesitados de sanación, el odiado publicano, y las prostitutas necesitadas de redención nos enseñan el camino de la salvación: escuchar y seguir a Cristo. Pero esto es solamente una parte del Evangelio; la otra parte es que a pesar de nosotros mismos somos perdonados, reconciliados, sanados y amados. Conocer y vivir esta experiencia es un volver a nacer.

Al igual que los fariseos y escribas también nosotros nos escandalizamos por la compañía de Jesús, pero también nos sorprende la imagen de Dios Padre que Jesús nos ofrece en la parábola. ¿Será Dios tan compasivo y misericordioso como el padre en la parábola? Difícil de aceptar que Dios nos regrese la dignidad e identidad que hemos rechazado y pisoteado. Así como el padre sale fuera para recibir con brazos abiertos a su rebelde hijo menor, también sale fuera para recibir a su amargado hijo mayor. El hijo menor conoce su pecado; reconoce su necesidad de perdón y reconciliación; tiene el deseo de regresar al lado del padre. El hijo mayor no conoce su pecado; no reconoce su coraje y resentimiento contra su hermano menor y su padre; no se da cuenta de su necesidad de sanación y reconciliación; su autojustificación lo ciega. No sabe que es amado por el Padre. ¿Dónde te ves tú en esta parábola?

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Jesus was beginning his public ministry and was becoming quite a popular man. He spoke well and with authority; he healed people and expelled demons. Even the religious leaders of his time took notice and wondered who this man called “Jesus the Nazorean” was. But the religious leaders were shocked and disturbed by the company Jesus kept: he surrounded himself with known sinners. “Tax collectors and sinners were all drawing near to listen to Jesus, but the Pharisees and the scribes began to complain, saying ‘This man welcomes sinners and eats with them.’” Not only did Jesus welcome sinners, he shared meals with them, which is something more radical than just being seen with them. Sharing a meal was more than sharing food; it was about friendship, family and kinship. Nevertheless, the criticism of the religious leaders is not so different from our own. Even by our own standards the mark of a “good” person is connected to the company they keep. Most of us would probably agree with the Pharisees and Scribes if we saw a particular man or woman hanging around with the wrong crowd. This by itself should help us understand something very important: we do not see and judge as God sees and judges. To understand this should be a wakeup call.

If we say, “No, I would not think like the Pharisees and Scribes,” we are not being honest. The whole point of the Gospel is to reveal not only who God is, but also who we are. And if we are not shocked and disturbed, questioned and challenged by the Gospel, then we are not reading it correctly. We are the Pharisees and Scribes, the prodigal son as well as the angry, bitter and self-righteous older son. The sick in need of healing, the hated tax collectors, and the prostitutes seeking redemption teach us the way to salvation: listening to and following Christ. But this is only part of the Gospel; the other part of the Gospel tells us that in spite of ourselves we are forgiven, reconciled, healed and loved; to know and experience this is to be reborn.

Like the Pharisees and Scribes, most of us are shocked and disturbed not only by the company Jesus keeps, but also by the image of God the Father Jesus gives us in this parable. Is God truly this merciful and compassionate as the father in the parable? Hard to believe that God would return to me, to us, the dignity and identity that I, we, had rejected and trampled upon. As the father goes out to wait for and welcome with open arms his rebellious younger son, so also, he goes out to welcome his angry and bitter older son. The younger son knows his sins, his need for forgiveness and reconciliation, his desire to return to his father. The older son is not aware of his sins, of his anger and bitterness towards his brother and his father; he is not aware of his need for healing and reconciliation; he is blinded by his self-righteousness. He does not know he is loved by his father. Where do you see yourself in this parable?

Noticitas Claret américa, con Marco Cárdenas, Cmf y Laura Muller.

Noticiero Católico 25 de Marzo 2022

Noticias Claret América, con Marco Cárdenas, Cmf y Laura Muller.

Turning Red es una buena oportunidad para abrir el diálogo con nuestros hijos sobre la adolescencia.
Estados Unidos ayudará a Europa con el suministro de gas para poder mantener la sanción a Rusia.

El ministro de Defensa de Rusia tiene cerca de 2 semanas de no aparecer en medios de comunicación se incrementan especulaciones sobre una dimisión o baja.
Implante cerebral permite a hombre con parálisis cerebral comunicarse.

Los dos hijos perdidos de Dios – Evangelio 27 de marzo

Estamos ya en el domingo cuarto de cuaresma y el 27 de marzo es una fecha muy querida para mí porque hace 55 años Dios me dio la oportunidad de vivir así que le quiero dar gracias a Dios por la vida que me ha prestado. Le quiero dar gracias a mi madre por haberme cuidado con tanto amor con tanta ternura, por haberme enseñado la biblia sin haberle estudiado. Ella me le enseñó en la práctica con su fe, con su sencillez, con su manera de encontrar a Dios en todas las cosas, y también gracias a mis hermanas que me cuidaron. Yo fui el pequeño, el medio, soy el menor de siete hermanos. Creo que cada día tenemos que agradecerle a Dios y qué mejor manera, me tocó un día espectacular, un evangelio maravilloso ,donde se muestra el Dios de la misericordia y yo creo que eso ha sido para mi Dios ante mi flaqueza, ante mis limitaciones, ante mi pecado, siempre está la misericordia de Dios.

Espero hermano y hermana que es los comentarios también te puedas compartir una experiencia donde donde la misericordia de Dios se ha visto reflejada en tu vida.

Primera Lectura

Jos 5, 9a. 10-12

En aquellos días, el Señor dijo a Josué: “Hoy he quitado de encima de ustedes el oprobio de Egipto”.

Los israelitas acamparon en Guilgal, donde celebraron la Pascua, al atardecer del día catorce del mes, en la llanura desértica de Jericó. El día siguiente a la Pascua, comieron del fruto de la tierra, panes ázimos y granos de trigo tostados. A partir de aquel día, cesó el maná. Los israelitas ya no volvieron a tener maná, y desde aquel año comieron de los frutos que producía la tierra de Canaán.

Salmo Responsorial

R. (9a) Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.
Bendeciré al Señora a todas horas,
no cesará mi boca de alabarlo.
Yo me siento orgulloso del Señor,
que se alegre su pueblo al escucharlo. R.
R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.
Proclamemos la grandeza del Señor,
y alabemos todos juntos su poder.
Cuando acudí al Señor, me hizo caso
y me libró de todos mis temores. R.
R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.
Confía en el Señor y saltarás de gusto,
jamás te sentirás decepcionado,
porque el Señor escucha el clamor de los pobres
y los libra de todas sus angustias. R.
R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.

Segunda Lectura

2 Cor 5, 17-21

Hermanos: El que vive según Cristo es una creatura nueva; para él todo lo viejo ha pasado. Ya todo es nuevo.

Todo esto proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y que nos confirió el ministerio de la reconciliación. Porque, efectivamente, en Cristo, Dios reconcilió al mundo consigo y renunció a tomar en cuenta los pecados de los hombres, y a nosotros nos confió el mensaje de la reconciliación. Por eso, nosotros somos embajadores de Cristo, y por nuestro medio, es como si Dios mismo los exhortara a ustedes. En nombre de Cristo les pedimos que se dejen reconciliar con Dios.

Al que nunca cometió pecado, Dios lo hizo “pecado” por nosotros, para que, unidos a él, recibamos la salvación de Dios y nos volvamos justos y santos.

Evangelio

Lc 15, 1-3. 11-32

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para escucharlo. Por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: “Éste recibe a los pecadores y come con ellos”.

Jesús les dijo entonces esta parábola: “Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos le dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de la herencia que me toca’. Y él les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se fue a un país lejano y allá derrochó su fortuna, viviendo de una manera disoluta. Después de malgastarlo todo, sobrevino en aquella región una gran hambre y él empezó a padecer necesidad. Entonces fue a pedirle trabajo a un habitante de aquel país, el cual lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tenía ganas de hartarse con las bellotas que comían los cerdos, pero no lo dejaban que se las comiera.

Se puso entonces a reflexionar y se dijo: ‘¡Cuántos trabajadores en casa de mi padre tienen pan de sobra, y yo, aquí, me estoy muriendo de hambre! Me levantaré, volveré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Recíbeme como a uno de tus trabajadores’.

Enseguida se puso en camino hacia la casa de su padre. Estaba todavía lejos, cuando su padre lo vio y se enterneció profundamente. Corrió hacia él, y echándole los brazos al cuello, lo cubrió de besos. El muchacho le dijo: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo’.

Pero el padre les dijo a sus criados: ‘¡Pronto!, traigan la túnica más rica y vístansela; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; traigan el becerro gordo y mátenlo. Comamos y hagamos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’. Y empezó el banquete.

El hijo mayor estaba en el campo y al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y los cantos. Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: ‘Tu hermano ha regresado y tu padre mandó matar el becerro gordo, por haberlo recobrado sano y salvo’. El hermano mayor se enojó y no quería entrar.

Salió entonces el padre y le rogó que entrara; pero él replicó: ‘¡Hace tanto tiempo que te sirvo, sin desobedecer jamás una orden tuya, y tú no me has dado nunca ni un cabrito para comérmelo con mis amigos! Pero eso sí, viene ese hijo tuyo, que despilfarró tus bienes con malas mujeres, y tú mandas matar el becerro gordo’.

El padre repuso: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’ ”.

Oración de Consagración a Rusia y Ucrania a la Santísima Virgen

Oración del Papa Francisco para rezar por la paz en la guerra entre Ucrania y Rusia. El viernes 25 de marzo del 2022 el papa Francisco consagro al inmaculado corazón de María el conflicto entre Ucrania y Rusia y también por la estabilidad y paz en el mundo.

Consagración de Rusia y Ucrania

consagracion a la virgen maria del papa Francisco

La liturgia comenzará a las 17:00 horas (hora de Roma), mientras que la consagración tendrá lugar hacia las 18:30 horas. El Papa ha pedido a todos los obispos y sacerdotes del mundo que se unan a él en esta oración.

¿Cuál es la oración del papa Francisco por la Paz?

ACTO DE CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA

Oh María, Madre de Dios y Madre nuestra, nosotros, en esta hora de tribulación, recurrimos a ti. Tú eres nuestra Madre, nos amas y nos conoces, nada de lo que nos preocupa se te oculta. Madre de misericordia, muchas veces hemos experimentado tu ternura providente, tu presencia que nos devuelve la paz, porque tú siempre nos llevas a Jesús, Príncipe de la paz.

Nosotros hemos perdido la senda de la paz. Hemos olvidado la lección de las tragedias del siglo pasado, el sacrificio de millones de caídos en las guerras mundiales. Hemos desatendido los compromisos asumidos como Comunidad de Naciones y estamos traicionando los sueños de paz de los pueblos y las esperanzas de los jóvenes. Nos hemos enfermado de avidez, nos hemos encerrado en intereses nacionalistas, nos hemos dejado endurecer por la indiferencia y paralizar por el egoísmo. Hemos preferido ignorar a Dios, convivir con nuestras falsedades, alimentar la agresividad, suprimir vidas y acumular armas, olvidándonos de que somos custodios de nuestro prójimo y de nuestra casa común. Hemos destrozado con la guerra el jardín de la tierra, hemos herido con el pecado el corazón de nuestro Padre, que nos quiere hermanos y hermanas. Nos hemos vuelto indiferentes a todos y a todo, menos a nosotros mismos. Y con vergüenza decimos: perdónanos, Señor.

En la miseria del pecado, en nuestros cansancios y fragilidades, en el misterio de la iniquidad del mal y de la guerra, tú, Madre Santa, nos recuerdas que Dios no nos abandona, sino que continúa mirándonos con amor, deseoso de perdonarnos y levantarnos de nuevo. Es Él quien te ha entregado a nosotros y ha puesto en tu Corazón inmaculado un refugio para la Iglesia y para la humanidad. Por su bondad divina estás con nosotros, e incluso en las vicisitudes más adversas de la historia nos conduces con ternura.

Por eso recurrimos a ti, llamamos a la puerta de tu Corazón, nosotros, tus hijos queridos que no te cansas jamás de visitar e invitar a la conversión. En esta hora oscura, ven a socorrernos y consolarnos. Repite a cada uno de nosotros: “¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?”. Tú sabes cómo desatar los enredos de nuestro corazón y los nudos de nuestro tiempo. Ponemos nuestra confianza en ti. Estamos seguros de que tú, sobre todo en estos momentos de prueba, no desprecias nuestras súplicas y acudes en nuestro auxilio.

Así lo hiciste en Caná de Galilea, cuando apresuraste la hora de la intervención de Jesús e introdujiste su primer signo en el mundo. Cuando la fiesta se había convertido en tristeza le dijiste: «No tienen vino» (Jn 2,3). Repíteselo otra vez a Dios, oh Madre, porque hoy hemos terminado el vino de la esperanza, se ha desvanecido la alegría, se ha aguado la fraternidad. Hemos perdido la humanidad, hemos estropeado la paz. Nos hemos vuelto capaces de todo tipo de violencia y destrucción. Necesitamos urgentemente tu ayuda materna.

Acoge, oh Madre, nuestra súplica.

Tú, estrella del mar, no nos dejes naufragar en la tormenta de la guerra.

Tú, arca de la nueva alianza, inspira proyectos y caminos de reconciliación.

Tú, “tierra del Cielo”, vuelve a traer la armonía de Dios al mundo.

Extingue el odio, aplaca la venganza, enséñanos a perdonar.

Líbranos de la guerra, preserva al mundo de la amenaza nuclear.

Reina del Rosario, despierta en nosotros la necesidad de orar y de amar.

Reina de la familia humana, muestra a los pueblos la senda de la fraternidad.

Reina de la paz, obtén para el mundo la paz.

Que tu llanto, oh Madre, conmueva nuestros corazones endurecidos. Que las lágrimas que has derramado por nosotros hagan florecer este valle que nuestro odio ha secado. Y mientras el ruido de las armas no enmudece, que tu oración nos disponga a la paz. Que tus manos maternas acaricien a los que sufren y huyen bajo el peso de las bombas. Que tu abrazo materno consuele a los que se ven obligados a dejar sus hogares y su país. Que tu Corazón afligido nos mueva a la compasión, nos impulse a abrir puertas y a hacernos cargo de la humanidad herida y descartada.

Santa Madre de Dios, mientras estabas al pie de la cruz, Jesús, viendo al discípulo junto a ti, te dijo: «Ahí tienes a tu hijo» (Jn 19,26), y así nos encomendó a ti. Después dijo al discípulo, a cada uno de nosotros: «Ahí tienes a tu madre» (v. 27). Madre, queremos acogerte ahora en nuestra vida y en nuestra historia. En esta hora la humanidad, agotada y abrumada, está contigo al pie de la cruz. Y necesita encomendarse a ti, consagrarse a Cristo a través de ti. El pueblo ucraniano y el pueblo ruso, que te veneran con amor, recurren a ti, mientras tu Corazón palpita por ellos y por todos los pueblos diezmados a causa de la guerra, el hambre, las injusticias y la miseria.

Por eso, Madre de Dios y nuestra, nosotros solemnemente encomendamos y consagramos a tu Corazón inmaculado nuestras personas, la Iglesia y la humanidad entera, de manera especial Rusia y Ucrania. Acoge este acto nuestro que realizamos con confianza y amor, haz que cese la guerra, provee al mundo de paz. El “sí” que brotó de tu Corazón abrió las puertas de la historia al Príncipe de la paz; confiamos que, por medio de tu Corazón, la paz llegará. A ti, pues, te consagramos el futuro de toda la familia humana, las necesidades y las aspiraciones de los pueblos, las angustias y las esperanzas del mundo.

Que a través de ti la divina Misericordia se derrame sobre la tierra, y el dulce latido de la paz vuelva a marcar nuestras jornadas. Mujer del sí, sobre la que descendió el Espíritu Santo, vuelve a traernos la armonía de Dios. Tú que eres “fuente viva de esperanza”, disipa la sequedad de nuestros corazones. Tú que has tejido la humanidad de Jesús, haz de nosotros constructores de comunión. Tú que has recorrido nuestros caminos, guíanos por sendas de paz. Amén.

El Evangelio de Hoy con el Padre Tony Díaz, cmf. 25 de Marzo del 2022

El Evangelio de Hoy con el Padre Tony Díaz, cmf. 25 de Marzo del 2022

Solemnidad de la Anunciación del Señor

El Evangelio del día y las lecturas de la Santa misa con sus Reflexiones EN PODCAST por el Padre Tony Díaz, cmf.

Primera Lectura

Is 7, 10-14

En aquellos tiempos, el Señor le habló a Ajaz diciendo: “Pide al Señor, tu Dios, una señal de abajo, en lo profundo o de arriba, en lo alto”. Contestó Ajaz: “No la pediré. No tentaré al Señor”.

Entonces dijo Isaías: “Oye, pues, casa de David: ¿No satisfechos con cansar a los hombres, quieren cansar también a mi Dios? Pues bien, el Señor mismo les dará por eso una señal: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros”.

Salmo Responsorial

Salmo 39, 7-8a. 8b-9. 10. 11

R. (8a y 9a) Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Sacrificios, Señor, tú no quisiste,
abriste, en cambio, mis oídos a tu voz.
No exigiste holocaustos por la culpa,
así que dije: “Aquí estoy”.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
En tus libros se me ordena
Hacer tu voluntad;
esto es, Señor, lo que deseo:
tu ley en medio de mi corazón.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
He anunciado tu justicia
en la gran asamblea;
no he cerrado mis labios,
tú lo sabes, Señor.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
No callé tu justicia,
antes bien, proclamé tu lealtad y tu auxilio.
Tu amor y tu lealtad no los he ocultado
a la gran asamblea.
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Segunda Lectura

Heb 10, 4-10

Hermanos: Es imposible que la sangre de toros y machos cabríos pueda borrar los pecados. Por eso, al entrar al mundo, Cristo dijo conforme al salmo: No quisiste víctimas ni ofrendas; en cambio me has dado un cuerpo. No te agradaron los holocaustos ni los sacrificios por el pecado; entonces dije –porque a mí se refiere la Escritura–: “Aquí estoy, Dios mío; vengo para cumplir tu voluntad”.

Comienza por decir: No quisiste víctimas ni ofrendas, no te agradaron los holocaustos ni los sacrificios por el pecado –siendo así que es lo que pedía la ley–; y luego añade: Aquí estoy, Dios mío; vengo para cumplir tu voluntad.

Con esto, Cristo suprime los antiguos sacrificios, para establecer el nuevo. Y en virtud de esta voluntad, todos quedamos santificados por la ofrenda del cuerpo de Jesucristo, hecha de una vez por todas.

Evangelio

Lc 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.

Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.

El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin”.

María le dijo entonces al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?” El ángel le contestó: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. María contestó: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”. Y el ángel se retiró de su presencia.