Noticias Radio Claret

Noticiero Católico 27 de Mayo 2022

Noticias Claret América, con Marco Cárdenas, Cmf y Laura Muller.

La tragedia de Uvalde.
La policía trado más de 1 hora en confrontar al asesino.
Padres de familia se preguntan si se hubieran podido evitar mas muertes si la policía hubiera actuado antes.
Agente fronterizo toma liderazgo junto con otras fuerzas de la autoridad para desalojar la escuela de Uvalde el día del tiroteo.
Muere de paro cárdiaco fulminante esposo de una de las maestras asesinadas en Uvalde, Texas.
¿Cómo podemos intervenir para que las tragedias en escuelas terminen?
Les platicamos de la organización Big Brothers, Big Brothers y como ayudan a cambiar vias.
Nueva modalidad de asalto en la ciudad de México, dejan nota en autos de jóvenes diciendo que hay un gato en el motor del carro para después despojarlos de su cartera y computador.
La abogada Ruth Dunning responde a sus preguntas de inmigración.

Entre el cielo y el suelo – Evangelio Domingo 29 de Mayo

Lectura del Día 29 de mayo del 2022

Ya estamos celebrando la ascensión del señor. Esta homilía en vez de dar alegría, de dar esperanza, viene a traer miedo. La gente empieza a tener miedo a calcular ¿Cuándo regresará? Y aquí comienzan los falsos profetas, ¿cuántos se van a salvar? ¿Cuándo regresa el hijo de Dios? Y cómo explicarle a la gente que el evangelio no es sobre eso. Nos quedamos con la idea de voltear al cielo y no al suelo.

El evangelio es de Lucas del 24, 46-53.

Lucas es el primero en presentar de esta manera extraordinaria la ascensión de Jesús, ni Marco y otro profeta lo explican así. Por qué en otras tradiciones se vive como este Jesús que nunca se va. Y creo que deberíamos de enfatizar esta idea del Jesús que se queda que se encarna, hemos leído el evangelio de Juan tan bello, del Jesús que se queda con nosotros, esa idea de que Jesús iba a estar siempre en la comunidad. Lamentable la otra idea del Jesús que se queda no es una fiesta oficial de la iglesia. Deberíamos pedirle a la iglesia, al papa de la celebración de que Jesús se queda. Hemos enfatizado tanto la idea de que Jesús regresará con sus ángeles y solo llevará a los 144 mil, los que estén preparados y que al resto de la comunidad se quedará en el valle de lágrimas y la inmensa mayoría se quedará diciendo yo también quisiera ir con Jesús.

Mi Jesús no tiene que venir del cielo ni tiene que descender al infierno, mi Jesús lo encuentro en el entorno, en los árboles, en el aire, en el viento, en la comida que comparto con mis amigos, familiares. Jesús está en toda la creación.

Primera Lectura

Hch 1, 1-11

En mi primer libro, querido Teófilo, escribí acerca de todo lo que Jesús hizo y enseñó, hasta el día en que ascendió al cielo, después de dar sus instrucciones, por medio del Espíritu Santo, a los apóstoles que había elegido. A ellos se les apareció después de la pasión, les dio numerosas pruebas de que estaba vivo y durante cuarenta días se dejó ver por ellos y les habló del Reino de Dios.

Un día, estando con ellos a la mesa, les mandó: “No se alejen de Jerusalén. Aguarden aquí a que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que ya les he hablado: Juan bautizó con agua; dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo”.

Los ahí reunidos le preguntaban: “Señor, ¿ahora sí vas a restablecer la soberanía de Israel?” Jesús les contestó: “A ustedes no les toca conocer el tiempo y la hora que el Padre ha determinado con su autoridad; pero cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes, los llenará de fortaleza y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los últimos rincones de la tierra”.

Dicho esto, se fue elevando a la vista de ellos, hasta que una nube lo ocultó a sus ojos. Mientras miraban fijamente al cielo, viéndolo alejarse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: “Galileos, ¿qué hacen allí parados, mirando al cielo? Ese mismo Jesús que los ha dejado para subir al cielo, volverá como lo han visto alejarse”.
 

Salmo Responsorial

Salmo 46, 2-3. 6-7. 8-9

R. (6) Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.
Aplaudan, pueblos todos,
aclamen al Señor, de gozos llenos;
que el Señor, el Altisimo, es terrible
y de toda la tierra, rey supremo. R. 
R. Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.
Entre voces de júbilo y trompetas,
Dios, el Señor, asciende hasta su trono.
Cantemos en honor de nuestro Dios,
al rey honremos y cantemos todos. R. 
R. Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.
Porque Dios es el rey del universo,
cantemos el mejor de nuestros cantos.
Reina Dios sobre todas las naciones
desde su trono santo. R. 
R. Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.
 

Segunda Lectura

Ef 1, 17-23

Hermanos: Pido al  Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, que les conceda espíritu de sabiduría y de revelación para conocerlo.

Le pido que les ilumine la mente para que comprendan cuál es la esperanza que les da su llamamiento, cuán gloriosa y rica es la herencia que Dios da a los que son suyos y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros, los que confiamos en él, por la eficacia de su fuerza poderosa.

Con esta fuerza resucitó a Cristo de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, por encima de todos los ángeles, principados, potestades, virtudes y dominaciones, y por encima de cualquier persona, no sólo del mundo actual sino también del futuro.

Todo lo puso bajo sus pies y a él mismo lo constituyó cabeza suprema de la Iglesia, que es su cuerpo, y la plenitud del que lo consuma todo en todo.

Evangelio

Lc 24, 46-53

En aquel tiempo, Jesús se apareció a sus discípulos y les dijo: “Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto. Ahora yo les voy a enviar al que mi Padre les prometió. Permanezcan, pues, en la ciudad, hasta que reciban la fuerza de lo alto”.

Después salió con ellos fuera de la ciudad, hacia un lugar cercano a Betania; levantando las manos, los bendijo, y mientras los bendecía, se fue apartando de ellos y elevándose al cielo. Ellos, después de adorarlo, regresaron a Jerusalén, llenos de gozo, y permanecían constantemente en el templo, alabando a Dios.