27mo Domingo del Tiempo Ordinario / 27th Sunday of Ordinary Time

27mo Domingo del Tiempo Ordinario / 27th Sunday of Ordinary Time

La petición de los discípulos de Jesús es muy familiar: “Auméntanos la fe”. ¿Por qué los discípulos (y nosotros) pedimos que aumente nuestra fe? La respuesta de Jesús a sus discípulos (y a nosotros) es iluminante, porque no es la cantidad de fe lo que importa. La fe genuina, la fe que depende, confía y obedece a Dios no depende de la cantidad, sino de la calidad. Yo puedo tener fe que Dios existe; que Dios es compasivo y misericordioso, pero si no vivo en una relación de confianza y obediencia con este Dios entonces esta no es la fe salvadora de la cual Jesús habla. Quizás los discípulos (y nosotros) sólo entendemos la fe como algo funcional: para resolver problemas, para milagros, para el éxito. ¿Pero cuando las cosas no salen como yo quiero; cuando el milagro no viene; cuando fracaso; confió que Dios aún está presente? La fe es relacional y es por medio de la relación con Dios por la cual vivimos experiencias fenomenales, aun cuando las cosas no salen como yo las quiero.

La segunda parte del evangelio de hoy trata realidades fundamentales de la fe: ¿Esta Dios obligado a nosotros cuando amamos, perdonamos y somos fieles? Claramente, la respuesta del evangelio es “NO”. “Cuando hayan cumplido todo lo que se les mandó, digan: «no somos más que siervos, sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer » ‘. ¿Le debe Dios algo al discípulo por su fidelidad? Ser bueno, generoso y compasivo es la naturaleza del cristiano, del discípulo, del hijo/a de Dios. No vivimos y nos comportamos de esta manera para exigirle a Dios nada. Y qué hay del cielo; la gracia y el amor de Dios, ¿los ganamos con nuestras buenas obras? ¡No! Si yo pudiera ganarme el cielo, el amor y gracia de Dios con mis obras, ¿para que necesito de Dios? El cielo, amor y gracia de Dios siempre son un don de Dios, nunca lo gano, lo merezco o lo merito.

Tristemente, mucha gente religiosa vive todas sus vidas queriendo complacer a Dios con sus obras. Tratan de convencer a Dios y así mismos de que son dignos y merecedores de su amor, gracia y el cielo por sus buenas obras. La triste realidad es que nunca llegarán a convencer ni a Dios ni a sí mismos de que son dignos del amor de Dios. Viven en una constante frustración y miseria porque nunca se verán lo “suficientemente buenos”, por el fracaso de no ser perfectos. Esta es la experiencia del hijo mayor en la parábola del hijo pródigo. Hacer lo que Dios nos manda es nuestra obligación. No tengo que comprobarle o convencer a Dios de nada; la gracia y el amor de Dios, y el cielo mismo son un don de Dios. Hay un profundo sentido de libertad y paz en finalmente entender esto. Nos esforzamos por ser buenos, dignos y santos porque es nuestra naturaleza de cristianos. Todo el resto corre por cuenta de Dios. ¡Esto es la Buena Nueva del evangelio!

27th Sunday of Ordinary Time

The request of the disciples of Jesus is a familiar one: “Increase our faith.” Why did the disciples (and us) ask for an increase of faith? Jesus’ response to the disciples’ (and our) request is that when it comes to faith the issue is not quantity. Genuine faith, the kind of faith that relies, trusts and obeys God is not about quantity, but quality. I can have faith that God exists; that God is compassionate and merciful, but if there is no relationship in trust and obedience to this God, then that is not the saving faith that Jesus is talking about. Perhaps the disciples (and us) see faith only as functional: to accomplish things, for miracles, to succeed. What about when things do not go my way; when miracles do not happen; when I fail? Do you trust that God is also present in these situations? Faith is relational and it is through the relationship with God that amazing things can happen even when things do not go my way.

The second part of today’s gospel deals with some fundamental realities of faith: Is God obligated to us when we are loving, forgiving and faithful? The answer from today’s gospel is clearly “NO”. “When you have done all you have been commanded, say, ‘We are unprofitable servants; we have done what we were obliged to do.’” God does not owe the disciple anything for faithfulness? To love, be kind, merciful, compassionate, and faithful is the nature of what it means to be a Christian, a disciple, a son/daughter of God. We do not live and behave in this manner to demand anything from God. What about heaven; God’s love and grace; don’t we earn these things through our good deeds? Well, no! If I could earn my way into heaven, earn God’s love and grace, what do I need God for? Heaven, God’s love and grace are always a gift from God and never something we earn, merit or deserve.

Sadly, many religious people live their entire lives trying to please God with their good deeds. They try to convince God and themselves that they are worthy and deserving of God’s love, grace and heaven because of their religious actions. The sad reality is that they will never reach that point of neither convincing God nor themselves that they are worthy of God’s love. They live in a constant experience of frustration and misery because they will never be “good enough” because of their failure to be perfect. This is the experience of the older son in the parable of the Prodigal Son. To do what God asks of us is our duty. I do not need to prove or convince God of anything; God’s love and grace, heaven itself is a gift from God. There is a tremendous sense of freedom and peace in finally grasping this. We strive to be good, decent and holy people because that is the nature of a Christian. Everything else is on God. That is Good News!

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