Dijo Goethe que “hablar es una necesidad, escuchar es un arte”. Pero, ¿a qué se refiere eso de el arte de escuchar? Si todos los días lo hacemos, ¿no? Alguien dice algo lo oímos, lo entendemos y respondemos. ¡Sencillo! Pues no. Escuchar va mucho más allá que sólo lograr tener una conversación.
Por eso el día de hoy hablaremos del capítulo “El arte de escuchar” del Podcast “Amar, vivir y sentir” de Rafa Salomón. Donde nos comparte las diferencias entre tener una conversación en la que todas las personas involucradas participan de igual forma y escuchar a alguien que necesita compartirnos algo.
¿El escuchar qué tiene de arte?
Que como todo arte necesita aprenderse, practicarse y sobre todo que tiene una gran dificultad. Aunque no lo parezca, es bastante complicado aprender a escuchar de verdad. Tenemos la idea de que es suficiente con interpretar las palabras, entenderlas y contestar. Tal vez en algunas conversaciones eso sea lo que se espera de nosotros. Pero cuando alguien se acerca a nosotros para platicarnos de un problema, de algo que necesita externar, de alguna preocupación, entonces la cosa cambia.
La mayoría de las personas no sabemos escuchar, nos cuesta mucho hacerlo. Aunque sea una virtud fundamental, no es fácil. La escucha es una de las caricias positivas más apreciadas. Y aún así solemos pretender que escuchamos, pero no lo hacemos realmente. La persona que sabe escuchar sabe comprender. Y cuando uno se siente escuchado tiene la percepción de ser valorado, considerado e importante.
Entonces debemos lograr diferenciar entre conversaciones Ping-pong y los momentos en que requerimos ser sólo oyentes. Es algo que debemos aprender. Porque para lograrlo necesitamos poner en práctica nuestra empatía. Dejar de pensar en nosotros y centrar nuestra atención en la otra persona. Más allá; intentar comprender el mundo de la otra persona y ver lo que nos dice desde ahí.
¿A qué se refiere una conversación de Ping- Pong?

Es la plática que solemos tener con las personas. En la que la “pelotita”, es decir el turno de hablar, pasa de uno a otro de forma continua. A veces alguno tardará un poco más hablando, pero en general ambas partes participan más o menos igual. Es una comunicación más superficial porque no nos involucramos personalmente. Intercambiamos información, pero no ejercemos ningún comentario profundo ni intentamos comprendernos.
No tiene nada de malo tener este tipo de conversación algunas veces. Por ejemplo; si salimos con una amiga que hace mucho no vemos y nos empezamos a poner al día. Muy seguramente el diálogo será así. También sucede cuando estamos en reuniones grandes o cuando comenzamos a recordar alguna anécdota.
Pero si alguien comienza a hablarnos de algo más serio o nos pide tiempo para decirnos algo, y actuamos de la misma forma que si fuera cualquier conversación sin importancia, podemos hacer sentir a esa persona que no es importante. Le restamos valor a sus sentimientos.
¿Y entonces, cómo debemos hacerlo?
Se escucha con una actitud abierta, serena, sin distracciones, sin interrupciones, sin juicios o interpretaciones. Con el fin de propiciar estado de confianza y seguridad. Donde la persona se siente acogida, segura y tranquila. Para poder profundizar en su problema con el sentimiento de que es escuchada como un individuo importante, único y con valor para su oyente.
Escuchar y entender la comunicación desde el punto de vista de quien habla. Interpretar lo que siente, lo que piensa. Poner atención al estado emocional. Escuchar significa aceptar a las personas tal y como piensan. Tal y como son. Darse cuenta que cada una es un mundo que es preciso involucrarse para entenderlo.
Para profundizar necesitamos sentir. Encontrar aquellas razones del corazón. Quienes tenemos la inquietud de escuchar no vamos a quedarnos sólo con las palabras, sino tratar de entender las razones que tiene su corazón. Escuchar supone callarse. Y callar no es sólo no hablar, va más allá. Es estar atento con todo nuestro ser para comprender al otro en su totalidad.
Algunos consejos para aprender el arte de escuchar
Lo más importante para aprender es querer hacerlo. Si tenemos la disposición podemos convertirnos en grandes escuchas. Para lograrlo te damos los siguientes tips:
- Buscar el lugar adecuado. No cualquier lugar es óptimo para escuchar. Es bueno estar cómodos, tener una iluminación que nos permita vernos. Evitar lugares ruidosos.
- Sentirnos bien. Si estamos cansados, si nos duele algo, si estamos incómodos, difícilmente vamos a prestar atención de verdad. Mucho menos vamos a lograr escuchar.
- Tener tiempo y ser pacientes. Dar la oportunidad al otro de expresarse.
- No involucrarnos en el mundo de esa persona pero entenderlo. Mantener nuestro punto de vista, pero sin perder nuestro deseo de comprender. Para eso necesitamos ser empáticos.
- Aprender a interpretar lo que nos quiere decir su corazón. Fijarnos en el tono de voz, en el lenguaje no verbal. Muchas veces nos van a decir más que las palabras.
- Suspender todo juicio. Por lo general cuando nos hablan comenzamos a pensar qué haríamos nosotros. Recordamos situaciones parecidas. Nos guiamos por nuestros prejuicios. Nos formamos nuestra opinión basada en lo que NOSOTROS sentimos. En el arte de escuchar no hay lugar para nada de esto.
- Esperar antes de responder. Reflexionemos nuestra respuesta antes de compartirla. Seamos prudentes. Pensemos bien lo que es necesario compartir y lo que sale sobrando.
- Recordemos que la respuesta está en la persona que abrió su corazón, no es necesario que la demos nosotros. Sabiendo esto, limitémonos a querer resolver las cosas. Eso viene de nuestro juicio y no nos corresponde.
Esperamos que hayas encontrado consejos útiles que te sirvan para aprender a ser el mejor escucha. Si quieres saber más del tema, te invitamos a que oigas el capítulo completo. Al igual que los demás Podcasts que tenemos disponibles para ti. Porque todos podemos aprender a ser mejores cada día.

