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El arte de saber escuchar

julio 14, 2021 2


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Todas las personas creemos que somos buenas para escuchar. Pero si analizamos profundamente, nos daremos cuenta que la mayoría no sabemos hacerlo. En el capítulo “El arte de saber escuchar” del Podcast «Amar, vivir y sentir», Rafa Salomón nos comparte las diferencias entre tener una conversación en la que todas las personas involucradas participan de igual forma y escuchar a alguien que necesita compartirnos algo.

El arte de saber escuchar

¿Por qué el saber escuchar se considera un arte?

Porque escuchar, como todo arte, necesita aprenderse y practicarse. Y aunque parezca sencillo, tiene una gran dificultad. Es bastante complicado aprender a escuchar de verdad. Tenemos la idea de que es suficiente con interpretar las palabras, entenderlas y contestar. Tal vez en algunas conversaciones eso sea lo que se espera de nosotros. Pero cuando alguien se acerca a nosotros para platicarnos de un problema, de algo que necesita externar, de alguna preocupación, entonces ya se espera mucho más de nosotros.

¿No es una exageración decir que es un arte?

No. Pues al igual que todos los tipos de arte es algo que puede parecer sencillo pero lleva mucho tiempo de aprendizaje y práctica. La mayoría de las personas pasamos la vida creyendo que sabemos escuchar y no es así. Nos cuesta mucho hacerlo. Aunque sea una virtud fundamental, solemos dejarla de lado. Solemos pretender que escuchamos, pero no lo hacemos realmente.

Entonces debemos lograr diferenciar entre conversaciones Ping-pong y los momentos en que requerimos ser sólo oyentes. Es algo que debemos aprender. Porque para lograrlo necesitamos poner en práctica nuestra empatía. Dejar de pensar en nosotros y centrar nuestra atención en la otra persona. Más allá; intentar comprender el mundo de la otra persona y ver lo que nos dice desde ahí.

¿Qué es una conversación de Ping- Pong?

Es la plática que solemos tener con las personas. En la que la «pelotita», es decir el turno de hablar, pasa de uno a otro de forma continua. A veces alguno tardará un poco más hablando, pero en general ambas partes participan más o menos igual. Es una comunicación más superficial porque no nos involucramos personalmente. Intercambiamos información, pero no ejercemos ningún comentario profundo ni intentamos comprendernos.

No tiene nada de malo tener este tipo de conversación algunas veces. Por ejemplo; si salimos con una amiga que hace mucho no vemos y nos empezamos a poner al día. Muy seguramente el diálogo será así. También sucede cuando estamos en reuniones grandes o cuando comenzamos a recordar alguna anécdota.

Pero si alguien comienza a hablarnos de algo más serio o nos pide tiempo para decirnos algo, y actuamos de la misma forma que si fuera cualquier conversación sin importancia, podemos hacer sentir a esa persona que no es importante. Le restamos valor a sus sentimientos.

¿Y entonces, cómo es escuchar realmente?

Se escucha con una actitud abierta, serena, sin distracciones, sin interrupciones, sin juicios o interpretaciones. Con el fin de propiciar estado de confianza y seguridad. Donde la persona se siente acogida, segura y tranquila. Para poder profundizar en su problema con el sentimiento de que es escuchada como un individuo importante, único y con valor para su oyente.

Escuchar y entender la comunicación desde el punto de vista de quien habla. Interpretar lo que siente, lo que piensa. Poner atención al estado emocional. Escuchar significa aceptar a las personas tal y como piensan. Tal y como son. Darse cuenta que cada una es un mundo que es preciso involucrarse para entenderlo.

Para profundizar necesitamos sentir. Encontrar aquellas razones del corazón. Quienes tenemos la inquietud de escuchar no vamos a quedarnos sólo con las palabras, sino tratar de entender las razones que tiene su corazón. Escuchar supone callarse. Y callar no es sólo no hablar, va más allá. Es estar atento con todo nuestro ser para comprender al otro en su totalidad.

Algunos consejos para aprender el arte de saber escuchar

Lo más importante para aprender es querer hacerlo. Si tenemos la disposición podemos convertirnos en grandes escuchas. Para lograrlo te damos los siguientes tips:

  • Buscar el lugar adecuado. No cualquier lugar es óptimo para escuchar. Es bueno estar cómodos, tener una iluminación que nos permita vernos. Evitar lugares ruidosos.
  • Sentirnos bien. Si estamos cansados, si nos duele algo, si estamos incómodos, difícilmente vamos a prestar atención de verdad. Mucho menos vamos a lograr escuchar.
  • Tener tiempo y ser pacientes. Dar la oportunidad al otro de expresarse.
  • No involucrarnos en el mundo de esa persona pero entenderlo. Mantener nuestro punto de vista, pero sin perder nuestro deseo de comprender. Para eso necesitamos ser empáticos.
  • Aprender a interpretar lo que nos quiere decir su corazón. Fijarnos en el tono de voz, en el lenguaje no verbal. Muchas veces nos van a decir más que las palabras.
  • Suspender todo juicio. Por lo general cuando nos hablan comenzamos a pensar qué haríamos nosotros. Recordamos situaciones parecidas. Nos guiamos por nuestros prejuicios. Nos formamos nuestra opinión basada en lo que NOSOTROS sentimos. En el arte de escuchar no hay lugar para nada de esto.
  • Esperar antes de responder. Reflexionemos nuestra respuesta antes de compartirla. Seamos prudentes. Pensemos bien lo que es necesario compartir y lo que sale sobrando.
  • Recordemos que la respuesta está en la persona que abrió su corazón, no es necesario que la demos nosotros. Sabiendo esto, limitémonos a querer resolver las cosas. Eso viene de nuestro juicio y no nos corresponde.

Esperamos que hayas encontrado consejos útiles que te sirvan para aprender a ser el mejor escucha. Si quieres saber más del tema, te invitamos a que oigas el capítulo completo. Al igual que los demás Podcasts que tenemos disponibles para ti. Porque todos podemos aprender a ser mejores cada día.

Rafael Salomón
Rafael Salomón

El Licenciado Rafael Salomón escritor y conferencista se ha especializado en temas de desarrollo humano, motivacionales y manejo inteligente de las emociones.
Es facilitador en procesos de cambio y coach, con su metodología aprovecha la experiencia de vida de las familias para ayudarlas a potenciar sus propias capacidades y sentimientos.

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